La agresión registrada en un partido de hockey infantil en Tucumán encendió alarmas dentro del ámbito deportivo. El episodio, ocurrido en el Club Universitario, donde una mujer resultó atacada con agua caliente por otras, generó conmoción no solo por su gravedad sino porque sucedió a pocos metros donde se disputaban encuentros de niñas.

Desde la Asociación Tucumana Amateur de Hockey (Atah), su presidenta, María Luisa Santamarina, expresó a LA GACETA un fuerte repudio y remarcó la necesidad de preservar el espíritu formativo del deporte. “Repudiamos cualquier hecho de violencia, dentro o fuera de la cancha, en cualquiera de las instituciones afiliadas”, afirmó.

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Si bien aclaró que aún no recibieron un informe oficial del club, reconoció que la situación genera preocupación. “Estamos consternados porque quienes más sufren este tipo de hechos no son los adultos involucrados, sino los chicos”, sostuvo.

Santamarina explicó que el hockey infantil está concebido como un espacio recreativo y de encuentro familiar. “El hockey infantil es una fiesta. En cualquier cancha se ve a las familias, a los chicos, a los entrenadores compartiendo. Que ocurra un hecho así en ese entorno nos pone en un estado muy incómodo”, explicó.

En ese sentido, destacó que lo sucedido no tiene antecedentes en la magnitud observada. “En 20 años no recuerdo un hecho de estas características. Nosotros organizamos cerca de 200 partidos por fin de semana, con miles de jugadores y decenas de miles de personas alrededor, y nunca pasó algo así”, señaló.

No obstante, advirtió que, aunque este caso responde a un conflicto previo entre adultos, la violencia en el deporte infantil es una problemática más amplia. “Muchas veces somos los adultos los que transmitimos nuestras frustraciones, nuestras inseguridades. Los chicos van a divertirse, no a competir”, reflexionó.

La dirigente también hizo foco en las conductas habituales que se repiten en canchas de distintas disciplinas. “Hay padres que insultan a árbitros, a entrenadores, o presionan a sus propios hijos. Después nos preguntamos por qué los chicos están frustrados o no quieren hacer más deporte”, indicó.

Desde la Atah, explicó, existen mecanismos disciplinarios para sancionar este tipo de conductas. “Los clubes pueden ser sancionados y, a su vez, aplican medidas a sus socios. Incluso se ha llegado a suspender a padres para que no asistan a los partidos”, detalló.

Sin embargo, remarcó que la clave está en la prevención y en el cambio cultural. “Trabajamos permanentemente con árbitros, dirigentes y familias, pero evidentemente hay que seguir reforzando estos aspectos. A veces hace falta hasta trabajar en el manejo de las emociones”, consideró.

Finalmente, Santamarina apeló a la responsabilidad de los adultos en el acompañamiento de los niños. “Los padres estamos para alentar, aplaudir y acompañar, no para presionar ni dar indicaciones. El deporte infantil es para que los chicos se desarrollen y disfruten. No podemos perder eso de vista”, concluyó.

El caso

El viernes por la noche, Lucas Pontoni denunció el episodio que se registró cerca de las 20.30 en el club Universitario. Según expuso ante las autoridades, él había concurrido junto a su pareja, María Teresa Miranda, a presenciar el encuentro que disputaba la hija del hombre.

Señaló que en un momento se fue a comprar una botella de agua y, al regresar, descubrió que su ex mujer, Florencia Rosario Ortiz, acompañada por su hermana Carolina y su madre, Elena Soria, agredía a su actual pareja.

Señaló que él, al intentar evitar que la golpiza fuera mayor, también recibió golpes por parte de las tres mujeres. Con la intervención de terceros, el incidente llegó a su fin. El denunciante dijo que en ese momento Miranda le avisó que las agresoras le habían arrojado agua hervida en el rostro. Al parecer, era el líquido que tenían en un termo que utilizaban para tomar mate.

El hombre decidió llevar a la víctima al Centro de Salud para que fuera atendida por médicos especialistas en quemaduras. Luego realizó la denuncia y los profesionales indicaron que podría tener lesiones de segundo grado.